Yo empecé a tener crisis epilépticas a los 14 años. No sabía lo que eso significaba pero lo fui comprendiendo y aprendí a vivir con mi enfermedad.
Cuando me casé mi mayor ilusión era tener un hijo pero mi neurólogo me hacía esperar. Cuando me quedé embarazada una doctora me dijo que lo perdiera por los problemas que la medicación podía causar a mi hijo. Pero lo deseaba tanto que seguí el consejo de otro médico que me dijo que siguiera adelante.
Durante el embarazo me llevaron unos médicos estupendos pero el miedo me hacía pensar que si mi hijo nacía con algún problema yo sería la culpable.
Tuve un hijo sin problema alguno. En sus primeros meses el miedo era por si le pasaba algo mientras yo sufría una crisis. Nunca le pasó nada.
Después tuve miedo de que no pudiera comprender lo que me pasaba, pero desde pequeño aprendió a vivir con mi enfermedad.
Si estábamos solos, a los 4 años ya llamaba por teléfono a mis padres y se quedaba a mi lado. A los 6 años tenía llaves de casa y sabía cómo actuar ante una crisis. Ahora tiene 17 años y sigue estando por mí en esos momentos.
Yo siento temores como cualquier madre con un hijo de esta edad, pero mi enfermedad ya no es la causa.
Hoy tener un hijo no tiene que dar ningún miedo teniendo un buen equipo médico a tu lado.
Ser madre es maravilloso.
Maribel